Toda actividad física supone un gasto extra de energía. Hemos visto que este gasto en la actividad física intensa, no está asociado con una pérdida de peso proporcional. Sin embargo, y esto es muy importante, está comprobado que la suma de pequeños cambios en la actividad física diaria, realizados en forma crónica son benéficos: Subir y bajar dos pisos de escalera diariamente, en vez del ascensor, puede resultar para un hombre que pese 80 kilos, en una reducción de 3 kilos en un año. Caminar durante una hora (350 calorías) supone una pérdida de 10 kilos en ese mismo lapso, manteniendo estable el ingreso calórico por la comida.
Pero hay algo muy interesante en relación al papel benéfico de la actividad física en el sobrepeso y la obesidad: Recordemos que el organismo tiene un gasto de energía mínimo para sobrevivir; cuando un apersona está dormida tiene un gasto metabólico basal (el apenas necesario para que el corazón bombee sangre, los riñones filtren la orina, etc) que se denomina gasto metabólico basal o metabolismo basal, La misma persona, ya despierta genera otros gastos de energía, por la puesta en marcha del sistema nervioso; a ese gasto se le llama metabolismo de reposo. Si la persona hace una actividad física, ese gasto obviamente se incrementa por la energía necesaria para la contracción muscular, que se observa en forma de calor. También hay gasto calórico en el trabajo de procesar los alimentos, (efecto termogénico).
Conocido y entendido lo anterior, nos preguntamos ahora. ¿El papel de la actividad física, en la terapia del sobrepeso o la obesidad está dado simplemente porque ayuda a gastar unas cuantas calorías más por aumento del gasto metabólico?, ¿O el ejercicio tiene además algún otro efecto benéfico? La respuesta es afirmativa a la segunda pregunta. Ocurre que el aumento del gasto energético que produce la actividad física no solamente debe contarse, durante el proceso de trabajo muscular propiamente dicho, sino que va más allá y se prolonga un tiempo adicional, en otras palabras el incremento en el gasto de calorías dura un poco más del tiempo usado en la actividad física. Por eso no se precisa correr durante 24 horas para obtener un resultado favorable o partir del ejercicio: Basta hacerlo una vez al día, ya que el organismo sigue durante varias horas más "gastando" más energía. | |
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Por eso también, creemos que los animales salvajes como el chita, que deben correr unos cuantos kilómetros antes de cazar a su presa, pese a la enorme cantidad de comida que ingieren, en relación a su peso corporal, nunca presentan la menor señal de tejido adiposo en exceso. Seguramente el incremento en su gasto energético basal, hace que el proceso de digerir la presa, utilice también más calorías y que no "sobre" nada para depositar como grasa.
Pero no paran aquí las consideraciones sobre el efecto benéfico de la actividad física ya que también se le puede atribuir una acción "estabilizadora" del gasto metabólico. Por ejemplo: Cuando por una correcta estrategia dietaria se logra una reducción del exceso de peso, el gasto metabólico basal tiende a defenderse. Si con un plan de 1.200 calorías el paciente rebaja un 20% de su peso, su gasto metabólico basal se rebaja en una proporción similar. Entonces para mantener el peso perdido sería preciso instaurar un nuevo régimen con 20% de calorías menos, es decir de 1.000 calorías y así sucesivamente. Es aquí donde la actividad física, al incrementar como ya vimos, el gasto metabólico, logra mantener el déficit calórico.
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